Cuando el sistema se acaba pero vida sigue

Para la mayoría de los jóvenes, cumplir 18 años es sinónimo de celebración y libertad. Sin embargo, para quienes han crecido bajo el cuidado del Estado, este hito suele convertirse en un abismo de incertidumbre. Hoy queremos compartir el testimonio de María Eugenia Reyes, una joven que vivió en carne propia el sistema de protección y que, con generosidad, nos abre su historia para visibilizar lo que sucede «el día después».

Al preguntarle sobre su experiencia, María Eugenia es clara y conmovedora: «Crecer con miedo y en soledad deja huellas». Su relato nos confirma una realidad dolorosa: el egreso abrupto, sin redes de apoyo, es una experiencia traumática. «Estaba muy asustada, fue repentino y no tenía nada… no sabía comprar, trabajar, no conocía el mundo. Fue terrorífico», recuerda.

Sus palabras dibujan con precisión el vacío que en Fundación Candelaria Apoya buscamos llenar. María Eugenia nos cuenta que le habría gustado tener «la posibilidad de estudiar, haber sabido hacer trámites y, sobre todo, la autoestima suficiente para saber rodearme de personas buenas».

Este testimonio no es solo una mirada al pasado, sino nuestro mapa de ruta para el presente. Escuchar a María Eugenia reafirma nuestro compromiso: trabajamos cada día para que ningún otro joven sienta ese terror al egresar. Entregamos las herramientas prácticas (trámites, gestión financiera) y la contención emocional que ella anheló, transformando historias de soledad en proyectos de vida autónomos y acompañados.